Estrellas en el Bajo Aragón

Hablaba el otro día con una experta en el turismo de estrellas y me comentaba que en pocos lugares del hemisferio norte se puede ver la Vía Láctea con tanta claridad y definición como se ve en el Bajo Aragón. Me alegré, la verdad. Una cosa más para presumir de nuestra tierra. Y es que, en ocasiones, la ubicación y la despoblación pueden jugar a nuestro favor. Me explico. La iluminación excesiva de las calles donde vivimos, de los monumentos que nos rodean o de nuestros edificios públicos provoca un brillo artificial en el cielo nocturno. Cuando los núcleos urbanos son más grandes, hay más calles por iluminar y más viviendas con las luces encendidas a todas las horas lo que provoca una contaminación lumínica que produce una pérdida de visibilidad del cielo nocturno. De modo que, igual que promocionamos turísticamente la amabilidad de los bajoaragoneses, la tranquilidad de nuestros pueblos o el silencio de nuestras calles (cualidades que son muy bien valoradas por los turistas que nos visitan) también podemos sacar pecho de la calidad de nuestro cielo. Un cielo que, si nos paramos a pensar, ha forjado nuestra identidad como bajoaragoneses mucho más de lo que creemos. Por ejemplo, nuestra fiesta por excelencia, la Semana Santa, tiene lugar la primera luna llena después del comienzo de la primavera. Y es que nuestros antepasados fueron conscientes de la importancia de los astros y así lo manifestaron en algunas de las construcciones que llevaron a cabo, como el túnel de la Vía Verde de Valdealgorfa. Dos veces al año, en el equinoccio de primavera y en el de otoño,...

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